Aguazanieves | La casa de Pablo

Pablo nos pidió volver, y en esa búsqueda apareció una parcela con una ruina y un proyecto de 1968 firmado por tres jóvenes arquitectos que, con el tiempo, serían también nuestros profesores. Más de cincuenta años después, retomamos sus ideas —módulo, ligereza, respeto por el paisaje— para completarlas con la técnica actual. Una casa que se posa sin imponerse, que se comprime y se abre, que fluye y se transforma con las estaciones. Un diálogo entre generaciones sobre la sencillez de la buena arquitectura.

Colaboradores
Yolanda Bellosta. Arq. Técnico
Marie Esser. Dibujos

Constructora
autoconstrucción

Fotografías
Azul Vivó

Superficie
250 m2

Presupuesto
400.000 €

Estado
construido

Premios
Seleccionado Premios arquitectura 2025 CSCAE.
Seleccionado premios COAM 2025.
Finalista premios MATCOAM VI edición.

Pablo, nuestro hijo, nos pidió hace un tiempo que le ayudemos a buscar un lugar para volver a vivir en España.

Después de meses de búsqueda, apareció esta parcela, con una ruina. En la primera visita ya nos pareció increíble.

Resultó ser el primer proyecto de tres arquitectos jóvenes: Manuel de las casas, catedrático de proyectos Javier Seguí, catedrático de análisis de formas y Santiago López, profesor de análisis, los tres, nos dieron clase.

Investigamos un poco, descubrimos que era un edificio catalogado y acabamos en el archivo del COAM, donde pudimos acceder al proyecto original, apenas una docena de planos y menos de memoria y presupuesto. El proyecto se redactó en el año 1968.

En la memoria, los arquitectos esbozan las ideas fundamentales del proyecto.

  1. Dejar el terreno en su estado actual, elevándose para conseguir la cota de las plataformas de la roca y así poder ser utilizadas (sic)
  2. Uso de un módulo espacial de 2,70×2,70×2,70 con el que realizar todos los espacios
  3. Posible ampliación que determina el uso del módulo
  4. Experimentabilidad y transformabilidad de los espacios, según los usos y estaciones anuales
  5. Realización: con las anteriores premisas se ha buscado un tipo de construcción que, sin llegar a ser prefabricación, imposible de conseguir en esos momentos en los medios rurales y a precios aceptables, se acerque a ella y pudiera ser utilizable en una futura ampliación.

El proyecto es rabiosamente moderno, más de cincuenta años después sorprenden las ideas de versatilidad y la fluidez de los espacios de la vivienda.

Debíamos completar aquellas acciones que la técnica y la habilidad de los constructores locales no les permitieron acometer en su momento.

Ha sido una bonita conversación llena de paradojas, hablar con más de cincuenta años de distancia con unos jóvenes arquitectos que acabaron siendo nuestros profesores y aportarles nuestra experiencia y la técnica que podía hacer posible sus ideas.

Ideamos un sistema prefabricado y modular de fachada con paneles de madera de alta resistencia (LVL y tricapa) que absorbiera las tolerancias de la estructura, que fuera capaz de responder a las solicitaciones de arriostramiento, además de ser cerramiento, aislante y trasdosado.

Es un edificio construido con el pensamiento del movimiento moderno, con soluciones constructivas novedosas y atrevidas, inspiradas en la arquitectura de Frank Lloyd Wright y su influencia de la arquitectura japonesa.

La relación con la naturaleza es de respeto, de mera observación, sin alteración alguna.

El edificio se posa sobre las rocas, que lo atraviesan por debajo.

El acceso es una invitación sutil, por un espacio comprimido, que delimita tu campo visual cuando estás erguido, en el tránsito.

Cuando entras a la vivienda y te sientas, tienes la percepción perfecta del lugar, del horizonte y la vista infinita, la calma y la quietud del paisaje en el que estás.

Dentro, la distribución es elemental, un único espacio durante el día, con dos corredores de circulación que te permiten comprender la totalidad de la vivienda y que se cierra para albergar los habitáculos del descanso, cuya dimensión es casi el de las celdas monacales. Cada uno, con su propia conexión con la naturaleza.

Solamente un baño.

La cocina se libera de los límites para disfrutar de las vistas

La única cabina cerrada es la del inodoro, pero la imagen del paisaje es visible a través de un juego de espejos.

El proyecto original también trabaja con esos espacios de transición de la arquitectura  japonesa y la terraza alrededor funciona de este modo.

¡Cuidado!, para salir tienen que mirar al suelo, la casa se separa de la terraza en todo su perímetro con una grieta de 10cm, y si vais a las rocas, agacha la cabeza, es preciso hacer una reverencia.

En el proceso hemos recordado la complejidad que encierra la sencillez de la buena arquitectura y como unos pocos conceptos pueden ordenar todo un proyecto y determinar su concepción y ejecución.

Pablo, al final nos ha regalado la felicidad de hacer arquitectura.

Fotografías
Azul Vivó

Superficie
250 m2

Fotografías
Azul Vivó

Superficie
250 m2